Tras tantas reflexiones profundas, dudas existenciales y
divagaciones internas, me veo en la tesitura de abogar por una polémica mucho
más frívola. Se conoce que éste ha sido un tema recurrente en los últimos días.
Por un motivo u otro, los diálogos marítimos entre piratas, marineros, grumetes,
tripulación y viajeros de toda índole se han enzarzado en debates disputados durante
esta travesía. Después de ver a mis queridos señores heterosexuales de abordo
afirmándose incapaces (o incapacitados) para distinguir la belleza masculina,
me he visto en la obligación de clamar a los dioses del Olimpo y alentar el sufragio
universal en este pequeña curia en red.

Ni incluyo a todos en el mismo saco, ni defiendo a capa y
espada esta afirmación, pero dejo constancia de la cuestión que nos ocupa (y
que lluevan chuscos de punta en este blog si es que mi duda asombra al público
masculino y me hacen partícipes de mi equívoco). ¿Yerro al preguntarme el porqué
de esta incapacidad? ¿Compartís mi perplejidad en el sector de las féminas? ¿Os
había acuciado este tipo de conjetura en ocasiones anteriores? ¿Es un factor
fisiológico? ¿O acaso una leyenda urbana? ¿Una deformación social en pro de la
autoafirmación de la testosterona?

Que alguien
leve las anclas de este navío en un mar de dudas.