Os hablaría de los hijos de la Gran Bretaña, quizás algún día lo haga con + tranquilidad... Sí, sí, esos "benditos" que son tan valientes de dejarte en la calle de 12 a 3 y media de la madrugada a pocos grados sobre cero. Una céntrica estación británica que, para mantener limpias y aseadas sus instalaciones, tiene la bonita costumbre de echarte a lacalle haga frío, llueva o nieve... ¡Qué avidez de higiene sin par!
¡Qué pulcritud! Lo que os diga, hijos de la Gran Bretaña (por no decir de otra cosa).
También os podría relatar las aventuras de este velero por las míticas tierras helénicas, sus ruinas ruinosas y arruinadas por la polución, sus decrépitas infraestructuras, sus huelgas y sus gases lacrimógenos, sus cafés a 5€... Aunque, debemos añadir, que os podría poner los dientes largos con sus hermosos lares costeros, sus pueblecitos rebosantes de encanto balcánico, sus gentes afables, sus noches infinitas llenas de vida, sus carnavales mágicos... Un rompecabezas de contrastes, al igual que mi país con sus puntos negativos, como los corruptos immobiliarios, y positivos, como sus juergas sin par. Cada palo que aguante su vela.
Pero, en resumidas cuentas, quería tan sólo ofreceros ciertas coordenadas por si os habíais dejado la brújula en casa y queríais orientaros. Para variar, el azar juega extrañas bazas y, tras leer un ratito un libro que me acompaña en horas de travesía solitaria, he puesto una película. Para mi sorpresa, en la película aparecía el mismo libro que tengo en la mesita, aunque un amigo mehabló exactamente del mismo libro hace unos días, para más inri... Es una obra bastante conocida, pero tantas coincidencias me harían levantar una ceja si pudiera levantar sólo una, me contento con que levanto las dos. ¿Algún grumete se presta voluntario a enseñarme la técnica?
A lo que venía, según marca el diario de abordo hoy toca reflexión. Mi ración de paranoia viene acorde con la película "Héctor" de Gracia Querejeta y os invito a colaborar con vuestras reflexiones tras este paréntesis de un mes (espero me disculpéis, pero la marejada nos impedía manejar los instrumentos de navegación):